FUNDACIÓN ENRIQUE ARNAL
  • Home
  • Articles
  • Contact

ARTICLES

Evocación de Enrique Arnal | Evocation of Enrique Arnal

12/13/2021

 
Por Alejandra Echazú Conitzer,  PhD, escritora boliviana.
​
15 de abril de 2018
(Texto original)
By Alejandra Echazú Conitzer, PhD, Bolivian writer.
April 15, 2018

(Translated text)
​Enrique Arnal paseaba elegante por la ciudad y dejaba una estela, quizá sin quererlo, algo intimidante.
 
Cuando pude entablar amistad con el artista, quien era un conversador extraordinario, la figura que me había parecido distante se convirtió en presencia cálida, evocadora e inteligente y  surgió la necesidad de registrar sus anécdotas y filosofía. Fueron dos largas tardes invernales de conversación, cuya fuerza permite ahora presentar un documental sobre el arte y las pasiones de Arnal, titulada El mundo de su memoria, dirigida por su hijo Matías, estrenada en La Paz el 12 de abril en la Cinemateca y que estará en cartelera  hasta el 18.  Una de las grandes motivaciones de las entrevistas era empequeñecer el registro de mi voz y permitir que la de este gran pintor resuene en toda su justicia y dimensión. 
 
Enrique Arnal nació en el complejo minero de Catavi en 1932. Mis años de infancia  fueron para mí una época de felicidad, si se puede denominar así mi vida infantil en las minas. Un paisaje gris, un paisaje de un aire ácido, un paisaje no de ciudad, si no de campamento minero autónomo y he recurrido a mis recuerdos de entonces como sustento para mi vida misma: una riqueza, una cierta percepción de lo misterioso de la vida, de la manera de convivir. 
 
Arnal estudió en Oruro, La Paz y Buenos Aires y vivió en diversas ciudades europeas y norteamericanas. Durante las dictaduras militares estuvo exiliado en Paraguay, Argentina y Chile. Esta trashumancia vital hizo de él un cosmopolita y bebió de otras culturas. 
 
Mi evocación de Arnal se nutre de vertientes simbólicas de su obra y me referiré tan solo a dos, al toro y al aparapita, con el fin de demostrar cómo su arte nace de profundas reflexiones. Para Arnal, el toro representa lo indomable e intuitivo como vehículo de creatividad y de plenitud. El toro es el símbolo de la espontaneidad y de lo irracional y del ímpetu que tenemos algunos pintores y artistas de traer como ejemplo el vigor y la acometida. Le atrae la robusta forma del animal y su estampa le parece excepcionalmente hermosa. Un día lleva consigo al pequeño Matías al lugar donde alquilaba un toro para estudiarlo y retratarlo. El niño pregunta por qué no dibuja el animal de manera más realista, por qué no dibuja “la realidad”. Su padre le explica que si el toro existe, es necesario dibujarlo para darle vida en otra dimensión, la del arte, la de la cultura y la del simbolismo y eso solo se logra a través del artificio del arte, del dibujo, de la pintura. El toro está ahí y ¿por qué hay que hacer otro toro? ¿Por qué dibujarlo? La razón es un poco irracional, los artistas también nos llevamos por llamados irracionales, por selección de temas que nos interesan de los cuales queremos y podemos hablar. 
 
En la década de los setenta, Arnal dibuja Aparapitas, personajes humildes que cargan productos en sus espaldas. Los lienzos de esta serie son de grandes dimensiones, algunos de ellos con paspartús de tinta, las figuras están caminando, agachados, de frente, de espaldas y sin rostros demarcados.
 
Los tonos grises y violáceos reflejan lo que era, hasta hace algunos años, su vestimenta. Mucho se ha especulado sobre esta serie, romantizando al personaje cuando, para Arnal, resaltar el anonimato urbano era lo esencial. Son figuras que no tienen caras visibles, más bien siluetas.- son del montón, no son figuras individualizadas, representan el mundo cotidiano, de lo que uno ve en la calle, de la convivencia anónima. Arnal sintió además un vínculo muy particular entre el artista y el aparapita, al considerar que ambos eran seres marginales. Su atracción sobre mí era la del marginal, un hombre no incluido en la vida cotidiana de la ciudad. Esta marginalidad es parecida al del artista en este país  y me hizo coincidir con un tema. En realidad  la silueta es de un hombre aislado y marginalizado. En efecto, en Bolivia el aparapita se desplazaba por una periferia concreta (la zona de los  mercados, fuera del centro burgués de la ciudad), mientras que la periferia del artista es simbólica y se manifiesta en el imaginario de la sociedad. El cargador posee incluso una utilidad económica, el artista no la tiene; luego de la Revolución del 52 no se crea una nueva burguesía dispuesta a otorgar ganancias al artista. A pesar de esa marginalización, ya que no son ni comprendidos ni valorados, ambos gozan de una utilidad social y son privilegiados observadores de la sociedad.
 
El corazón del arte de Arnal se encuentra en una búsqueda filosófica y constituye la síntesis de un análisis del contexto: Hay que tener espíritu de bucanero para ser artista, hay que descubrir mundos.

​​El artista no está establecido cómodamente en la cultura.  Y existen actos de la cultura que se tonifican en la barbarie. En este sentido, el arte es una transformación que forma parte de la aventura, de la indagación, de la curiosidad por la realidad y que en el proceso de análisis intelectual y consciente, se plasma luego en el lienzo: hay una provocación, un encantamiento, yo no he tenido miedo al blanco, el miedo viene de cuándo parar de pintar. Primero, nace un concepto, luego se libera de esto porque el cuadro mismo lo guía y hay una acumulación de imágenes; el oficio solo ejecutado sería muy aburrido, el verdadero arte cuestiona, dialoga. El arte es un viaje del espíritu y uno mejora como artista cuando se despoja, cuando se renuncia al bagaje y hay un pacto, una forma de comportamiento ético, de no mentir. Y, al mirar su vida, el artista debe sacar elecciones. 
 
El legado artístico de Enrique Arnal es inseparable de la honestidad de su pensamiento. Para Arnal el proceso de interpretación y de transformación simbólica en el arte forma parte de un compromiso vital que él asumía como ser humano y como artista.
​Enrique Arnal walked elegantly through the city and left a trail, perhaps unintentionally, somewhat intimidating.
 
When I was able to befriend the artist, who was an extraordinary conversationalist, the figure that had seemed distant to me became a warm, evocative and intelligent presence and the need arose to record his anecdotes and philosophy. There were two long winter afternoons of conversation, the strength of which now allows us to present a documentary about Arnal's art and passions, entitled The world of his memory, directed by his son Matías, released in La Paz on April 12 at the Cinematheque and which It will be in theaters until 18. One of the great motivations of the interviews was to dwarf the registration of my voice and allow that of this great painter to resonate in all its justice and dimension.
 
Enrique Arnal was born in the Catavi mining complex in 1932. My childhood years were a happy time for me, if you can call my childhood life in the mines like that. A gray landscape, a landscape of acidic air, a landscape not of a city, but of an autonomous mining camp and I have used my memories of that time as sustenance for my life itself: a wealth, a certain perception of the mysteriousness of life , in the way of living together.
 
Arnal studied in Oruro, La Paz and Buenos Aires and lived in various European and North American cities. During the military dictatorships he was exiled in Paraguay, Argentina and Chile. This vital transhumance made him a cosmopolitan and drank from other cultures.
 
My evocation of Arnal is nourished by symbolic aspects of his work and I will refer to only two, the bull and the aparapita, in order to demonstrate how his art is born from deep reflections. For Arnal, the bull represents the indomitable and intuitive as a vehicle for creativity and fulfillment. The bull is the symbol of spontaneity and of the irrational and of the impetus that some painters and artists have to bring vigor and rush as an example. The robust shape of the animal appeals to you and its print is exceptionally beautiful. One day he takes little Matías with him to the place where he rented a bull to study and portray it. The child asks why he does not draw the animal in a more realistic way, why he does not draw "reality." His father explains to him that if the bull exists, it is necessary to draw it to give it life in another dimension, that of art, that of culture and that of symbolism, and that is only achieved through the artifice of art, drawing, and painting. . The bull is there and why should another bull be made? Why draw it? The reason is a bit irrational, the artists also get along with irrational calls, by selecting topics that interest us that we want and can talk about.
 
In the seventies, Arnal draws Aparapitas, humble characters who carry products on their backs. The canvases in this series are large, some of them with ink mats, the figures are walking, crouched, from the front, from the back and without demarcated faces.
 
The gray and violet tones reflect what was, until a few years ago, his clothing. Much has been speculated about this series, romanticizing the character when, for Arnal, highlighting urban anonymity was essential. They are figures that do not have visible faces, rather silhouettes. - They are from the pile, they are not individualized figures, they represent the everyday world, of what one sees on the street, of anonymous coexistence. Arnal also felt a very particular bond between the artist and the aparapita, considering that both were marginal beings. His attraction to me was that of the marginal, a man not included in the daily life of the city. This marginality is similar to that of the artist in this country and made me coincide with a theme. In reality the silhouette is of an isolated and marginalized man. In effect, in Bolivia the aparapita moved around a specific periphery (the market area, outside the bourgeois center of the city), while the artist's periphery is symbolic and manifests itself in the imagination of society. The charger even has an economic utility, the artist does not; after the Revolution of 1952, a new bourgeoisie was not created, ready to grant profits to the artist. Despite this marginalization, since they are neither understood nor valued, both enjoy social utility and are privileged observers of society.
 
The heart of Arnal's art is found in a philosophical search and constitutes the synthesis of an analysis of the context: You have to have the spirit of a buccaneer to be an artist, you have to discover worlds.

​The artist is not comfortably established in culture. And there are acts of culture that are toned up in barbarism. In this sense, art is a transformation that is part of the adventure, of the investigation, of the curiosity for reality and that in the process of intellectual and conscious analysis, is then reflected on the canvas: there is a provocation, an enchantment I have not been afraid of white, fear comes from when to stop painting. First, a concept is born, then it is freed from this because the painting itself guides it and there is an accumulation of images; the job performed alone would be very boring, true art questions, dialogues. Art is a journey of the spirit and you improve yourself as an artist when you divest yourself, when you give up baggage and there is a pact, a form of ethical behavior, not to lie. And, when looking at his life, the artist must make choices.
 
Enrique Arnal's artistic legacy is inseparable from the honesty of his thinking. For Arnal, the process of interpretation and symbolic transformation in art is part of a vital commitment that he assumed as a human being and as an artist.

Comments are closed.

This website and its content are copyright of © Fundación Enrique Arnal 2023. All rights reserved.

  • Home
  • Articles
  • Contact